Sociología: Autorreflexión a su servicio.

Noviembre 30, 2007 at 3:55 am (Nº1 2006) (, )

Podríamos decir que un ejercicio recurrente al interior de la sociología es el de autoanalizarse. Complicado ¿cierto? ¿Qué sentido tiene, o mejor aún, cuán práctico es para la sociedad? Todos asumimos el conflicto, y hasta donde me compete, nunca renunciamos a él.
Cuando al estudiante de sociología le preguntan para qué sirve su disciplina o en qué va a trabajar, éste se complica y “orienta su acción” hacia significados ambiguos. El dilema se resuelve con múltiples evasivas –eeehh, bueno. Es complicado, me demoraría mucho, pero quédate con esto: nosotros estudiamos a la sociedad. Menudo problema, pues atónito el preguntón mira y enfoca con ojos de plato a este engendro, supuesto “shociólogo” (con acento loquillo). ¡Claro que tiene que ver con la sociedad!, pero ¿no hay algo más específico? (¡ENCRUCIJADA!). Aquí es donde el aspirante pierde la compostura y las ganas de seguir explicando o intentándolo, y mira el reloj en ademán de apuro: “más adelante te explico”.
Lo cierto es que esa es la mejor respuesta que se puede dar, porque cerca del cuarto año vienes a entender de qué cresta se trata esto de estudiar a la sociedad, para qué sirve y en qué imaginas poder trabajar. Bueno, además de ser potenciales cientistas políticos, planificadores urbanos, diseñadores y evaluadores de proyectos sociales, académicos, investigadores sociales, consultores políticos y de comunicación estratégica, diseñadores y evaluadores de políticas públicas, analistas ambientales, de impacto, decentes lobbystas, SEREMIS de pesca en la región de Magallanes, taxistas, cajeros, connotados intelectuales snobs, políticos, científicos (o cientistas si a alguien le incomoda el espíritu positivo), parlamentarios y hasta excelentes presidentes de la república, el sociólogo se incorpora, se necesita y se exige en todas y cada una de las diferentes partes que componen una sociedad. Ok, estamos confundidos.
Todo de nuevo. La sociología data de manera pseudo concreta a partir de Auguste Comte. Luego le preceden los típicos nombres: Marx, Durkheim, Weber, Parsons, Merton, Bourdieu, Mills, Giddens, etc, etc. Todos ellos demostraron que grandes dudas filosóficas podían ser canalizadas y abordadas a un nivel más práctico (no necesariamente menos abstracto, recordar a Parsons es necesario) a través de la sociología. Es importante asumir que una de las principales características de esta disciplina, radica en la capacidad de mirarse, analizarse y criticarse. Así, mirando constantemente su reflejo, ésta se “eleva” y se da el lujo de preocuparse de asuntos como la sociología de las ciencias, la sociología de la cultura, la sociología urbana, la sociología económica, e inclusive, la sociología de la sociología.
Según Mills (1959), la sociología jamás podría ser científica, según Bourdieu (1984) perfectamente puede serlo, ya que posee todos los elementos de una ciencia. Más allá de discutir sobre si lo es o no, lo importante es destacar su capacidad reflexiva. Tal como alguna vez le escuché decir a algún profesor, la sociología es la ciencia de la sospecha. Así, la misma reflexión casi obsesiva que la caracteriza, articula una dinámica molestosa propia de una disciplina que por antonomasia siempre ha incomodado (Bourdieu, 1984).
En este sentido, la sociología debe dedicarse a evaluar y reflexionar sobre las relaciones sociales; desde el espacio público y la injerencia de la ideología dominante en los fenómenos urbanos, hasta en la articulación ética y normativa de los sistemas de valores que orientan nuestras acciones como parte de la sociedad.
La capacidad autocrítica es la característica que incomoda (como sociología, y como parte de la sociedad). Esto genera sospecha y desconfianza por parte de los grupos dominantes. Allí, en lo más sensible de nuestras estructuras, está metida la reflexión sociológica, ya que es capaz de perfeccionarse constantemente. La evaluación de su desempeño jamás será un problema, mejor aún, siempre funciona como objetivo.
Actualmente, la sociología es parte de la reflexión en torno a cuán válido es el conocimiento científico, por sobre la preeminencia del saber no científico. ¿Qué más da si atravesamos las barreras de la ciencia? ¿Son reducibles las respuestas a este tipo de conocimiento? ¿Ha sido capaz la sociología -como ciencia- de dar cuenta de ese dilema? Por lo menos para los burgueses (si es que el tiempo no nos dobla la mano con el término), la ciencia ha sido en demasía generosa, permitiendo la proliferación de múltiples ingenierías y a la vez posiciones sociales estables y prácticas, por lo menos para intereses propios del capitalismo.
Considero necesario que la sociología puede y debe ser parte del debate fundamental sobre los fenómenos y problemáticas centrales de nuestros tiempos. Así contribuye a su desarrollo y ayuda a comprender y aclarar los procesos sociales en los que también se ve involucrada. Sin embargo, el debate sobre el extremo cientificismo en que nos encontramos hoy, no puede limitar los alcances de la disciplina, en tanto éstos, aún no están plenamente delimitados.
¿Si estamos confundidos? Pues bien, no he querido resolver el problema, sólo enunciarlo para la posterior reflexión. Ok, estamos confundidos.

A.K.A: Un oxímoron.

1 comentario

  1. DAVID BAÑUELOS dijo:

    LA SOCIEDAD OCUPA LOS SOCIOLOGOS.. MAS QUE ANTES…PARA DESCUBRIR…EL FONDO DE NUESTRA CIVILIZACION ACTUAL…

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