Michel Foucault: “Sexo Drogas y el Panóptico”.

Noviembre 30, 2007 at 4:03 am (Nº1 2006) (, , )

Complejo resulta dar cuenta de una vida, y más aún si ésta representa tan icónicamente ciertos aspectos de nuestra disciplina. Sabido es que Michel Foucault concentra gran cantidad de artículos, ensayos, libros y actividades registradas, por tanto me remitiré exclusivamente a su obra y a aquello que por dicho, resulta absolutamente atractivo para los ojos de quienes se declaran directamente foucaultinanos.
Lo atractivo es el hecho de que un hombre de brillantez reconocida, por un lado haya tenido una vida sobria e intelectual, y por otro actividades tan alocadas y desinhibidas. La capacidad de combinar de manera sutil esas dos facetas, hace más interesante su lectura. Es por esto que esta casi reseña bibliográfica se abocará a la combinación de ambas facetas.
Michel Foucault nace en Poitiers (Francia) en 1926. Estudió Filosofía y Psicología en la Escuela Normal Superior de París. Enseñó Filosofía en Túnez y en las universidades de Clermont-Ferrand y Vincennes. En 1971, fue nombrado profesor de “Historia de los Sistemas de Pensamiento” (¡vaya cátedra!) en el prestigioso Collège de France (¡VAYA CÁTEDRA!). Murió en 1984, producto del SIDA.
A la edad de 57 años, quizás pasaba por su “mejor momento”, siendo uno de los intelectuales más respetados y famosos del mundo. Exploró varios campos del conocimiento, entre ellos la antropología, la historia, la ciencia política y, evidentemente, la sociología. Fue llamado por algunos como un estructuralista, y por otros, post-estructuralista, como si las propias corrientes teóricas quisieran albergarlo.
Lo cierto es que poco importa, ya que sus obras a pesar de no contener mayor complejidad y análisis lingüístico, sí muestran gran creatividad, genialidad, agresividad y transgresión. Por otro lado, Foucault se definía como un nietzscheano y la única definición que aceptaba era la de arqueólogo, como muestra de su gran persecución por los aspectos culturales de la vida en sociedad y, por supuesto, sus análisis profundamente arraigados en la historia.
Analizó los mecanismos de poder que operan en la sociedad capitalista y su influencia en la conformación de la subjetividad de los sujetos. Esto le permitió reinterpretar las definiciones clásicas de poder, que reducían el análisis a un plano represivo y jurídico. Con esto pudo concluir que el capitalismo avanza con tranquilidad gracias a que operan “micropoderes”, que son legitimados por el cuerpo social-institucional, y que ejercen y se instalan desde las profundidades de la vida cotidiana, hasta en niveles macro, generando una relación de dominadores y dominados. Eso sí, es necesario decir que Foucault obvió las resistencias que pudiesen surgir dadas las condiciones de los dominados. Esa temática la desarrolló el francés De Certau, estableciendo una fundamental distinción entre las imposiciones de la clase dominante, y las prácticas alternativas generadas por los dominados para resistir a dicha hegemonía (en el sentido Gramsciano).
Mas adelante, el llamado “genio” cambió el rumbo de sus investigaciones dejando de lado la “micropolitica”, para así adentrarse en la relación existente entre Estado e individuo. Se puede decir que ésta no se centra en el Estado propiamente tal, sino en las prácticas que constituyen los medios de dominación y el gobierno. Fundamentalmente, le preocupa el poder que la autoridad ejerce sobre los individuos, en la que se administran las conductas y acciones más personales. La paranoica, pero no por eso menos cierta idea del panóptico se hace presente, influyendo en áreas tan distintas como la Psicología, la Sociología y los estudios urbanos.
Foucault llevó una vida extraordinariamente agitada y sabrosa, que tiene directa relación con sus obras. Esto mismo afirman algunos autores y biógrafos, como por ejemplo, Dider Eribon, que propone en su libro Michel Foucault (Anagrama, Barcelona: 1992) por una parte hacer la historia de su obra para “poner en escena y otorgarle, en esta historia, un lugar determinante a la homosexualidad (…) no se trata de explicar el contenido de la obra de Michel Foucault a través de su homosexualidad o de sus prácticas sadomasoquistas, pero éstos son elementos que no se pueden dejar de lado, al tratar de entender aspectos de su producción intelectual” .
Foucault sentía una gran atracción por temas relacionados con la sexualidad en general (gran demostración es su profuso estudio sobre la Historia de la Sexualidad), y la homosexualidad y el sadomasoquismo, en particular. De cierto modo, tenia las “trenzas lizas mi tío”, por lo que no sólo se limitó al estudio de esas prácticas, sino además a su experimentación. Siendo un lector apasionado del Marqués de Sade, vio reflejada cierta sabiduría en él, mencionándolo, exaltándolo y criticándolo en algunas de sus obras.
Se cuenta que, en sus repetidos viajes a San Francisco, se vio muy atraído por la emergente comunidad gay, el sexo impersonal, las drogas casuales, por los saunas o casa baños y por los centros de la actividad de “cuero” que sucedían en la época. Tal como cuenta James Miller, Foucault confiesa a Simeon Wade que “ese modo de vida me parece extraordinario, increíble. Esos hombres viven para el sexo y las drogas casuales. ¡Increíble! En Francia no existen lugares así” . Nuestro autor se interesaba por todo tipo de experiencias que llevaran su cuerpo y mente profundamente al límite; situaciones que lo llevaran a tocar lo sublime, lo incomparable, lo prohibido, lo alucinante, lo deliberante, en fin, el éxtasis. Es por esto que experimentó con todo tipo de drogas, siendo el LSD su preferida, ya que lo llevaba a una completa liberación.
Sin duda que una de las mejores enseñanzas que nos deja la vida y obra del “genio”, es esta relación de experiencias-limites y la búsqueda del yo. Donde la moral tiene atavíos difusos, y la experiencia va más allá del potencial juicio. Por otro lado, sabida es la influencia del autor en las Ciencias Sociales, y su enorme aporte al conocimiento de la realidad social.
Entre sus obras se destacan: Historia de la locura en la época clásica (1961), Nacimiento de la clínica (1963), Las palabras y las cosas; una arqueología de las ciencias humanas (1966), Vigilar y castigar (1975), y su Historia de la sexualidad en tres tomos: Introducción – Volumen I (1976), El uso del placer – Volumen II (1984), y La inquietud de sí -Volumen III (1984).

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La perspectiva sociológica.

Noviembre 30, 2007 at 4:02 am (Nº1 2006) ()

Se me ha preguntado en qué consiste una obra de carácter sociológico, y creo que no tengo forma de establecerlo. Cuando le hago esta pregunta a mis amigos y compañeros, recibo una tautológica respuesta del tipo: “aquella que utiliza la perspectiva sociológica”. Ok, entiendo, pero sigue incólume el cuestionamiento inicial, a saber: ¿qué es lo particular de la obra sociológica para ser valorada? Aquella pregunta sobre cuál es la característica que nos diferencia de politólogos y periodistas, de antropólogos y economistas, ronda mis macilentas cavilaciones desde hace ya un tiempo.
Si bien existen diferencias epistemológicas de base entre la sociología y las disciplinas antes mencionadas, guardamos notorias similitudes con algunas de ellas. Es el caso de la antropología, al menos en sus vertientes social y cultural. Por esto, la práctica sociológica toma una centralidad tan importante al momento de la definición disciplinaria. Si nos centramos en establecer las diferencias (si es que no aporías) entre la práctica sociológica y la antropológica, no me es posible (al menos sencillamente) diferenciarlas. Me pregunto en qué difiere un antropólogo cultural de los mundos contemporáneos, y un sociólogo cualitativo de la cultura. Ambos trabajando dentro de la misma tradición Durkheimiana, digamos, al momento de abordar los movimientos anti-globalización. Quien me diga que la diferencia radica en las técnicas que utilizan para acercarse al fenómeno, no es sólo iluso, sino también profundamente impreciso. Así, se llega nuevamente a la inquietud por la esquiva perspectiva sociológica. El punto fundamental es que, como señala Bourdieu, la sociología no posee un estatus epistemológico exclusivo de ella, por lo que en esta área es donde con más fuerza se presenta la dificultad de diferenciar doxa de episteme.
A partir de esta problemática pregunta, quisiera sugerir algunas otras en la misma línea. Claro está, no se pretende dar respuestas a tamaña problemática, sino sólo tematizar aquellas que considero centrales (más bien las que he imaginado).
La primera dice relación con el oficio de sociólogo. Una forma de aproximarse a lo que constituye la perspectiva sociológica es refiriéndonos a las prácticas laborales que realizan los sociólogos. Si entendemos las prácticas de los estudiosos de una disciplina científica como una suerte de reflejo de aquello en que consiste su perspectiva analítica, deberíamos entender a la sociología y su punto observacional, como constituida, al menos en parte, por las prácticas en las que incurren quienes aseguran ser sociólogos. Si aceptamos esto, labores tan alejadas de lo que intuimos que es nuestra disciplina, como son los estudios de mercado, deberían ser considerados como conocimiento sociológico. Lamentablemente, no puedo estar de acuerdo con ello. De hecho, difiero rotundamente con dicha percepción. Ninguna disciplina con pretensiones científicas (o al menos de trabajo y producción de conocimiento riguroso y particular), puede sustentarse en lo que quienes son sindicados o se auto-identifican como lo que realizan sus practicantes. De lo contrario, un gran número de distintas actividades, tanto práctico-laborales como intelectuales, serían peligrosamente consideradas como obras sociológicas.
No planteo un purismo acérrimo, ni mucho menos una crítica (directa) a todos aquellos que se desempeñan realizando estudios de mercado, análisis e implementación de políticas públicas u otras labores. Por el contrario, considero que poseen numerosas herramientas para generar grandes aportes en tales áreas. No obstante, lo que señalo es que dichos aportes deben ser incluidos en el acervo de conocimiento de la disciplina que usted juzgue más apropiada, mas no necesariamente (dado el rótulo de su ejecutante) en el campo de la sociología. Por lo mismo, considero adecuado no definir a la perspectiva sociológica en función de las actividades de sus practicantes.
Una segunda problemática, en conexión con el punto antes mencionado, tiene que ver con los actores que participan en el desarrollo de la sociología. Como se planteó unas líneas más arriba, lo que entendemos por sociología y su perspectiva no puede ser, ni necesaria ni convenientemente, derivada de las prácticas que realizan los sociólogos. Si esto es así, la realización de obras sociológicas (ya sean investigaciones empíricas y/o reflexiones teórico-conceptuales) ¿son de exclusiva competencia de los sociólogos?
Este cuestionamiento bien podrían formulárselo un(a) politólogo(a) o un(a) antropólogo(a) (o un estudiante de aquellas disciplinas, por cierto, para con sus respectivos campos.
Ante esto, la sociología y su perspectiva: ¿Poseen una autonomía relativa? ¿quiénes son o pueden ser sus practicantes?, y más específicamente ¿a qué nos referimos al hablar de obra sociológica?.
Tiendo a pensar que, y a pesar de lo evidente que pueda sonar, no cualquiera puede hacer sociología. Me refiero a que quienes practican el periodismo, por ejemplo, emiten en numerosas ocasiones juicios sobre “la realidad” que riñen con los planteamientos que teorías y/o investigaciones empíricas tenidas como referentes disciplinarios señalan. Pero insisto ¿es acaso eso suficiente para descartar de plano la posibilidad de que un periodista logre hacer sociología, si es que, eventualmente le interesase? Siguiendo el principio de no sustancialización propuesto por Weber, debemos plantearnos aquello siempre en términos de probabilidades. En cuyo caso, claro está, sea probable. Ahora bien, cuál es esa probabilidad es lo que se vuelve difícil de precisar, pero sospecho que si se pudiera calcular, sería cercana a cero.
Quisiera proponer, a modo de conclusión de este pequeño escrito, una tesis relacionada con todos los puntos anteriores. Aquella plantea que, al no existir nada más que la utilización de cierto conjunto de normas regulatorias para el establecimiento de proposiciones científicamente válidas (método científico) como mecanismo de distinción, no existe forma alguna de diferenciar a la Sociología de la Antropología que no se base en meras apreciaciones estilísticas y tendenciosas formas de entender la disciplina. Conmino a mis congéneres a entablar la discusión.

Nicolás Soto

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Un poco de Historia y Agenda Sociológica en Chile.

Noviembre 30, 2007 at 4:00 am (Nº1 2006) (, , )

Para poder entender cómo se ha desarrollado la disciplina, y fundamentalmente la agenda que han abordado los sociólogos chilenos, es preciso echarle una mirada a lo que ha sido la historia de la carrera en los últimos años.
Podemos establecer que las problemáticas centrales en Latinoamérica como el Desarrollo, la Revolución, cierto grado de Dependencia y los procesos de Democratización , funcionaban casi como paradigma o velo analítico para los cientistas sociales de los años 60 en adelante. Esto no quiere decir que la Sociología se redujese única y simultáneamente a estas temáticas, pero sí se puede decir con cierta certeza, que efectivamente eran los puntos cardinales del análisis social de aquellos días.
Con el transcurso de los años, las condiciones y contextos sociales, económicos y políticos variaban significativamente, lo que superponía y daba preeminencia a alguna de estas temáticas por sobre otra.
En los inicios o en una primera fase, la sociología en Chile, ‘para mi sorpresa’, tiene un origen no institucional o más bien, pre-científico, y su desarrollo fue a través de la modalidad catedrática. Lo anterior es lo que para nuestros días vendría siendo una especie de curso de formación general o algún optativo de profundización, dictado fundamentalmente por las escuelas de derecho del país. Asimismo, en su partida, adquiere un carácter ensayista, cuya característica principal se reduce a asumir que todo hecho social puede ser objeto de estudio. Así, la sociología estudia huelgas, crisis económicas y también temas normativos, donde la teoría social comienza a tomar fuerza como forma analítica de aproximación a la realidad.
Un significativo aporte para el desarrollo de la sociología será la CEPAL (1949) iniciando una serie de estudios y discusiones sobre los modelos de “desarrollo” y la realidad socio-económica de los países latinoamericanos. Su aparición en el escenario de las ciencias sociales impacta favorablemente, ya que servirá como norte a muchos investigadores e investigaciones de carácter socioeconómico.
Una segunda fase del desarrollo de la sociología en Chile, corresponde a la institucionalización de la disciplina en el país, esto ocurre con la aparición de FLACSO, la Escuela de sociología de la Universidad Chile (1957), y más tarde con la creación de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica.
Se puede decir que la agenda por estos años tenía dos preocupaciones centrales: el desarrollo latinoamericano (herencia de la CEPAL) y los procesos de modernización. Estos se estudiaban bajo un carácter superracional y anticipativo, con variedad de estudios empíricos, investigación cuantitativa e influencia teórica principalmente en torno a la teoría funcionalista norteamericana.
A partir de estos años, la sociología adquiría importancia y prestigio, ya que de acuerdo a su formación tanto teórica como metodológica, contaba con las herramientas para llevar a cabo los proyectos impulsados por el gobierno, que le daban la facultad para visualizar los problemas y encontrarles solución práctica.
Como dicen algunos historiadores, éstos eran tiempos de revolución, de ideologías, de “ponchos”, “bigotes” y sociólogos. Es aquí donde una tercera fase comienza a germinar, y la problemática central del desarrollo es desplazada por procesos reivindicatorios de corte progresista donde la Revolución y sus implicancias pasan a ser de gran interés para la disciplina.
Se estudiaban los movimientos sociales, las condiciones laborales, las distintas reformas impulsadas y, por supuesto, los conflictos generados a raíz de dichas reivindicaciones, fundamentalmente, obreras y estudiantiles. Así, se redescubre y re-interpreta la teoría marxista, la cual debe luchar, fusionarse y compartir espacios interpretativos con la ya establecida teoría funcionalista. “En esta situación se difunde en Chile el modelo del marxismo-ciencia, que impulsará en el campo de las ciencias sociales universitarias una rápida sustitución del programa de investigación articulado en torno a la teoría de la modernización, por el programa de investigación articulado en torno a la teoría de la dependencia. El modelo del marxismo proporciona, precisamente, el paradigma sustitutivo y legitima este cambio de orientación en las ciencias sociales, tornándose dominante dentro del subcampo.”
Se puede decir que nuevas problemáticas se abren en la agenda sociológica con la incorporación de la teoría marxista y sus derivaciones, como la teoría de la dependencia. Esta teoría es de gran importancia para el desarrollo latinoamericano, ya que es el gran diagnostico social y económico para la enfermedad que en esos años vivía la región.
En el periodo de la Unidad Popular, la disciplina se expande institucionalmente, esto va acompañado de la proliferación de ideologías de izquierda en conjunto con la difusión del pensamiento socialista en la sociedad chilena. Esto trae como consecuencia la transformación académica de la sociología, al adoptar nuevos modelos conceptuales que redefinían su rol en la sociedad, acercándose de pronto a la política.
La dictadura militar viene a desarticular todo lo que se había hecho. Junto con el cierre de carreras como Sociología y Ciencia Política, entre otras, se impide el funcionamiento de instituciones dedicadas a la investigación, lo que produce un receso bastante negativo para los avances en Ciencias Sociales. Los primeros años después de 1973, los estudios -tanto en el interior como en el exterior del país- continúan la línea anterior, de corte marxista, pero ahora abordando el fracaso del proyecto socialista que tenía la Unidad Popular en Chile.
Esta nueva fase se enfoca fundamentalmente en el cuestionamiento crítico del modelo político dictatorial que se implantaba durante esos años. Así, la Sociología se ve orientada hacia estudios de la realidad social chilena, donde la restauración de la democracia y los procesos que se encausan para obtenerla, se reducen fundamentalmente a publicaciones sobre el proceso de democratización. Para ese entonces, Chile vivía los últimos días del régimen militar, y los movimientos sociales comenzaban a tomar cada vez mayor importancia.
A fines de los 80` y principios de los 90`, la Sociología se dedicaba a pensar “para donde va la micro” en todos sus aspectos, tanto sociales, políticos, económicos y culturales. A ese respecto – y asumiendo la reestructuración de la democracia- la labor de la Sociología y las diversas ramas de las Ciencias Sociales fue la de reestablecer el orden social, ya no desde una perspectiva netamente teórica en el sentido analítico, sino más bien práctico. Es ahí donde se produce una imbricación (si no confusión) entre las Ciencias Sociales como forma de conocimiento y su rol como generador y ejecutor de la nueva democracia, la que asume ribetes transitorios, donde su profundización parece ser el tema central de la nueva agenda. Así, se inaugura la llamada “transitología”, cuyos prolíficos estudios abordaban desde diversas perspectivas (políticas y disciplinarias), la situación actual del país y su futuro, fundamentalmente en relación a la profundización democrática.
Los países de Latinoamérica se han caracterizado por una sucesión de etapas fijadas, paradigmas o problemáticas que se estudiaron bajo una ley teórica general. Estos paradigmas crean un cierto tipo de interpretación de los procesos sociales, en términos de “una” sola problemática central, donde no necesariamente se reducía el análisis a una sola forma de mirar, sino que confluían ideas y enfoques, pero siempre desde una categoría general, que abordaba temas específicos. “Ello podía expresarse a través de teorías en oposición entre sí, como la teoría de dependencia y la de modernización” .

Sebastián Góngora P.

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Ju is Ju in Sociology: David Garland.

Noviembre 30, 2007 at 3:58 am (Nº1 2006) ()

En esta sección, intentaremos mostrar “Quién es Quién” en los círculos internacionales de la sociología. Cómo llegaron a estar donde están (algunas paupérrimas propuestas teóricas incitan a indagar en aquello) y, en definitiva, en qué están los sociólogos que ponen en la agenda de la disciplina las discusiones que habrán (¿habremos?) de seguir en los próximos años.

En esta ocasión, queremos destacar la obra realizada por David Garland. Este escocés, luego de realizar su Bachellor en leyes y egresar como primero de su clase, realiza su doctorado correspondiente (era que no…) en la University of Edinburgh.

Desde la aparición de Castigo y sociedad moderna, han adquirido bastante relevancia sus planteamientos en torno a los sistemas de control social en las sociedades contemporáneas. Así como también su crítica revisión de la teoría penal de los últimos 150 años. Sin embargo, su obra se remonta a 1983, año en que junto a Peter Young publica The Power to Punís, texto en donde realiza el esfuerzo intelectual (si se quiere) de re-examinar las filosofías penales escritas hasta la época, así como analizar las instituciones dedicadas al castigo.

En estas áreas su obra ha adquirido mayor notoriedad, como también son las temáticas sobre las que versan la mayoría de sus investigaciones en la actualidad. Pero David Garland además es poseedor de textos dedicados al examen de las teorías de Durkheim, Foucault y Elías. De hecho, se encuentra realizando un curso sobre este último en el programa de doctorado en sociología de la New York University, lugar donde también es dueño y señor de la cátedra Arthur Vanderbit en derecho.

Dadas las consideraciones a las que nos remitimos, consideramos pertinente por lo menos, revisar su nombre en la barrita de Google, quizás sirva de algo.

Bibliografía: The power to punís (1983); Castigo y sociedad moderna. Un estudio de teoría social (1999); La cultura del control. Crimen y orden social en la sociedad contemporánea (2005)

Nicolás Soto

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Faltaron palos pa´l puente: Pitirim Sorokin

Noviembre 30, 2007 at 3:57 am (Nº1 2006) ()

En esta sección queremos rememorar a todos aquellos teóricos de la sociología que, por una u otra razón, fueron despojados del paraíso de quienes constituyeron -y siguen constituyendo- el mainstream de las perspectivas sociológicas. Queremos incitar, si es que no interpelar directamente, a que volvamos a leer, no simplemente a los Weber, Durkheim o Parsons, sino que esta vez rescatemos a todos aquellos que han sido puestos en el olvido por los victoriosos, de quienes, con suerte, se escucha dialogar (ojo, no discutir) a nuestros profesores en los pasillos, pero no en las aulas. En definitiva, desenterrar a todos aquellos que han contribuido al desarrollo de la sociología, más allá de la visión canónica a la que con frecuencia nos remitimos.
En esta edición, queremos mencionar el fundamental aporte que realizó Pitirim Sorokin. Sociólogo nacido en Turia, Rusia, participó activamente en los procesos que dieron vida a la revolución rusa e, incluso, ya derrocado el régimen zarista, fue miembro de la Asamblea constituyente y posterior secretario de Kerenski (notable participación; empecemos por no juzgarlo). Esto provocó que Lenin escribiese sobre él un artículo titulado “Las preciosas confesiones de Pitirim Sorokin” donde, entre otras cosas, se llama a la alianza con el medio campesino en pro de la consecución del estado socialista (o sea, la misma propaganda, pero con Pitirim como baluarte) .
Sin embargo, al observar en lo que había devenido la revolución, Sorokin se transformó en ferviente opositor al régimen, por lo que fue expulsado en 1922, exiliándose en EE.UU. (sentó cabeza chaqueteramente). Al llegar a Gringolandia, fundó el departamento de sociología en Harvard (no es menor), poniendo en práctica toda su experiencia adquirida como primer Profesor de sociología en San Petersburgo.
Su obra es extensa, tanto en cantidad producida como en las temáticas abordadas, que hasta grupos religiosos integristas norteamericanos la han utilizado para avalar posiciones consideradas por muchos como retrógradas (no podemos culparlo). Este solo hecho vuelve francamente escandaloso el que, en los programas de pre-grado chilenos, no se estudie con detenimiento su trabajo.
En su obra más renombrada; Sociedad, cultura y personalidad. Su estructura y su dinámica. (texto considerado entre los 100 más influyentes en la historia de la sociología por los asistentes al Congreso Mundial de Sociología en 1998), intentó establecer una taxonomía de las culturas y de su desarrollo en el tiempo. Una revisión de lo sugerido en aquel valioso documento ha sido realizada por Jeffrey Alexander hace algún tiempo, quien plantea el relativo descuido de la obra de Sorokin en momentos cruciales de su argumentación. En otra de sus obras, Movilidad social, abordó cómo se constituyen las estructuras de clases, y la forma en que se reestructuraron a principios del siglo XX. Inclusive, dedicó uno de sus trabajos al comportamiento de la sociedad frente a los desastres naturales (Man and Society in Calamity, 1942), resaltando que estos fenómenos deben considerarse como elementos importantes en las generalizaciones empíricas, en términos Mertonianos, que llevan a cabo los sociólogos, y no como acontecimientos sociales excepcionales. Estas obras denotan el amplio espectro de hechos estudiados dentro de su prolífica obra.
Sin embargo, luego de tantas consideraciones académicas, sucumbió frente al poderío de la confusión, y la embriaguez de sintaxis traída por Parsons. Pues desde que éste se hiciera cargo de la unidad académica que Sorokin había levantado y difundiera su perspectiva voluntarista, las ideas de Sorokin fueron desplazadas progresivamente de las aulas, hasta el día de su muerte en Harvard, en 1968.

Nicolás Soto

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Sociología: Autorreflexión a su servicio.

Noviembre 30, 2007 at 3:55 am (Nº1 2006) (, )

Podríamos decir que un ejercicio recurrente al interior de la sociología es el de autoanalizarse. Complicado ¿cierto? ¿Qué sentido tiene, o mejor aún, cuán práctico es para la sociedad? Todos asumimos el conflicto, y hasta donde me compete, nunca renunciamos a él.
Cuando al estudiante de sociología le preguntan para qué sirve su disciplina o en qué va a trabajar, éste se complica y “orienta su acción” hacia significados ambiguos. El dilema se resuelve con múltiples evasivas –eeehh, bueno. Es complicado, me demoraría mucho, pero quédate con esto: nosotros estudiamos a la sociedad. Menudo problema, pues atónito el preguntón mira y enfoca con ojos de plato a este engendro, supuesto “shociólogo” (con acento loquillo). ¡Claro que tiene que ver con la sociedad!, pero ¿no hay algo más específico? (¡ENCRUCIJADA!). Aquí es donde el aspirante pierde la compostura y las ganas de seguir explicando o intentándolo, y mira el reloj en ademán de apuro: “más adelante te explico”.
Lo cierto es que esa es la mejor respuesta que se puede dar, porque cerca del cuarto año vienes a entender de qué cresta se trata esto de estudiar a la sociedad, para qué sirve y en qué imaginas poder trabajar. Bueno, además de ser potenciales cientistas políticos, planificadores urbanos, diseñadores y evaluadores de proyectos sociales, académicos, investigadores sociales, consultores políticos y de comunicación estratégica, diseñadores y evaluadores de políticas públicas, analistas ambientales, de impacto, decentes lobbystas, SEREMIS de pesca en la región de Magallanes, taxistas, cajeros, connotados intelectuales snobs, políticos, científicos (o cientistas si a alguien le incomoda el espíritu positivo), parlamentarios y hasta excelentes presidentes de la república, el sociólogo se incorpora, se necesita y se exige en todas y cada una de las diferentes partes que componen una sociedad. Ok, estamos confundidos.
Todo de nuevo. La sociología data de manera pseudo concreta a partir de Auguste Comte. Luego le preceden los típicos nombres: Marx, Durkheim, Weber, Parsons, Merton, Bourdieu, Mills, Giddens, etc, etc. Todos ellos demostraron que grandes dudas filosóficas podían ser canalizadas y abordadas a un nivel más práctico (no necesariamente menos abstracto, recordar a Parsons es necesario) a través de la sociología. Es importante asumir que una de las principales características de esta disciplina, radica en la capacidad de mirarse, analizarse y criticarse. Así, mirando constantemente su reflejo, ésta se “eleva” y se da el lujo de preocuparse de asuntos como la sociología de las ciencias, la sociología de la cultura, la sociología urbana, la sociología económica, e inclusive, la sociología de la sociología.
Según Mills (1959), la sociología jamás podría ser científica, según Bourdieu (1984) perfectamente puede serlo, ya que posee todos los elementos de una ciencia. Más allá de discutir sobre si lo es o no, lo importante es destacar su capacidad reflexiva. Tal como alguna vez le escuché decir a algún profesor, la sociología es la ciencia de la sospecha. Así, la misma reflexión casi obsesiva que la caracteriza, articula una dinámica molestosa propia de una disciplina que por antonomasia siempre ha incomodado (Bourdieu, 1984).
En este sentido, la sociología debe dedicarse a evaluar y reflexionar sobre las relaciones sociales; desde el espacio público y la injerencia de la ideología dominante en los fenómenos urbanos, hasta en la articulación ética y normativa de los sistemas de valores que orientan nuestras acciones como parte de la sociedad.
La capacidad autocrítica es la característica que incomoda (como sociología, y como parte de la sociedad). Esto genera sospecha y desconfianza por parte de los grupos dominantes. Allí, en lo más sensible de nuestras estructuras, está metida la reflexión sociológica, ya que es capaz de perfeccionarse constantemente. La evaluación de su desempeño jamás será un problema, mejor aún, siempre funciona como objetivo.
Actualmente, la sociología es parte de la reflexión en torno a cuán válido es el conocimiento científico, por sobre la preeminencia del saber no científico. ¿Qué más da si atravesamos las barreras de la ciencia? ¿Son reducibles las respuestas a este tipo de conocimiento? ¿Ha sido capaz la sociología -como ciencia- de dar cuenta de ese dilema? Por lo menos para los burgueses (si es que el tiempo no nos dobla la mano con el término), la ciencia ha sido en demasía generosa, permitiendo la proliferación de múltiples ingenierías y a la vez posiciones sociales estables y prácticas, por lo menos para intereses propios del capitalismo.
Considero necesario que la sociología puede y debe ser parte del debate fundamental sobre los fenómenos y problemáticas centrales de nuestros tiempos. Así contribuye a su desarrollo y ayuda a comprender y aclarar los procesos sociales en los que también se ve involucrada. Sin embargo, el debate sobre el extremo cientificismo en que nos encontramos hoy, no puede limitar los alcances de la disciplina, en tanto éstos, aún no están plenamente delimitados.
¿Si estamos confundidos? Pues bien, no he querido resolver el problema, sólo enunciarlo para la posterior reflexión. Ok, estamos confundidos.

A.K.A: Un oxímoron.

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Animitas: Espíritus Rotulados

Noviembre 30, 2007 at 3:48 am (Nº1 2006) (, , , )

Para Emile Durkheim, la religión es una realidad eminentemente social. Las representaciones religiosas son manifestaciones colectivas que expresan realidades colectivas, los ritos son maneras de obrar que nacen solamente en el seno de grupos reunidos, y que están destinados a suscitar, mantener o renovar ciertos estados mentales de esos grupos. Por lo tanto, deben ser también realidades sociales, productos del pensamiento colectivo.

 

Una expresión de este pensamiento colectivo en la religiosidad popular son las animitas. Según la creencia folklórica, serían santos no reconocidos por la Iglesia Católica (religión oficial), pero que han sido “canonizados” espontáneamente por el pueblo, al ser personas que han muerto en forma injusta o violenta. Este hecho significa la redención de los pecados de la víctima, convirtiéndola en un mediador válido entre Dios y los hombres. Así, alguien cercano a la víctima instala una gruta o una cruz en su honor, flores, velitas y recuerdos. Con el tiempo, esta práctica se institucionaliza y el sitio donde ocurrió la muerte, se convierte entonces en un lugar sagrado, de culto. Las personas acuden a la animita para obtener favores y milagros, a pedir por sus familiares y por ellos mismos. A cambio de los favores concedidos, los devotos mantienen viva la animita con flores, velas, crucifijos, artículos personales, y en su mayoría, con placas de agradecimiento. Consideremos además que a pesar de la lejanía con la religión oficial, las animitas funcionan socialmente como prolongación de ésta, y no necesariamente como mediación alternativa.

 

Una de las animitas más grandes y conocidas en Santiago, es la de Romualdito. Está ubicada en la calle Borja a un costado de Estación Central, y sobre su verdadera identidad hay varias versiones. Algunos dicen que era un joven del sur que iba saliendo del hospital, lugar donde fue asaltado y asesinado por desconocidos que querían robarle su poncho. Hay otros que dicen que ya era adulto o que tenía problemas mentales. Tampoco hay claro consenso sobre su nombre o fecha de muerte. En las más de dos mil placas de agradecimiento se lee “Romualdito”, “Ronaldito”, “Reinaldo” y como apellido “Ivanez”, “Ivanni” o “Santibáñez”. Lo cierto, es que las placas con fechas de inscripción datan desde los años treinta hasta el año 2006.
La gente visita a “Rotuladito” (¿qué mejor nombre dada las inexactitudes de históricas?), renueva las velas, refresca las flores y limpia su gruta mientras le hablan o le rezan. Dentro de las ofrendas de sus devotos, pueden apreciarse crucifijos, figuras de angelitos, prendas de ropa y rosarios.

 

Durkheim identifica fenómenos religiosos que no dependen de ninguna religión determinada. Tales son los que pertenecen al folklore, como las animitas. Corresponden, generalmente, a restos de religiones desaparecidas y supervivencias desorganizadas; pero también hay otros que se han ido formando espontáneamente bajo el influjo de causas locales. En Chile, el cristianismo, especialmente la Iglesia Católica, se ha esforzado por asimilarlos y compatibilizarlos con su fe. Hace más de cincuenta años, la devoción a las animitas se condenaba como práctica supersticiosa, pero después del Concilio Vaticano II, fue aceptada como una importante manifestación de religiosidad popular.

 

Las animitas podrían considerarse como una supervivencia moderna de una de las religiones más primitivas: el animismo. Esta religión tiene por objeto los seres espirituales, espíritus, almas, genios, demonios, divinidades, agentes animados y conscientes como el hombre, pero que se diferencian de él por los poderes que se les atribuyen y porque normalmente no pueden ser percibidos por la visión humana.

 

Edward Tylor es quien ha elaborado principalmente la teoría animista. Luego, fue retomada por Herbert Spencer, quien hizo pequeñas modificaciones. Según estos autores, el alma no es un espíritu, ya que está ligada a un cuerpo, del que sólo puede salir ocasionalmente, y como está sujeta a estas limitaciones, no es objeto de ningún culto. El espíritu, en contraste, que por lo general reside en alguna cosa determinada, puede abandonarla a voluntad y el hombre sólo podría comunicarse con él a través de prácticas rituales. El alma entonces, no podría convertirse en espíritu sino por medio de una transformación: la muerte produce esa metamorfosis de manera natural.

 

Así es como se concibe a los espíritus desligados de todo cuerpo y vagando libremente a través del tiempo y el espacio. Su número aumenta con el paso de los años, y así se forma, en torno al mundo de los vivos, un mundo de almas. Estas almas, al ser humanas, evidentemente tienen necesidades y pasiones humanas. Intentan mezclarse en la vida de sus antiguos conocidos, ya sea para ayudarlos o para perjudicarlos. Gracias a su carácter volátil y etéreo, pueden penetrar en los cuerpos y causar en ellos toda clase de trastornos y, al contrario, pueden también restaurar su vitalidad. De esta forma se adquiere la costumbre de atribuirles todos aquellos sucesos cotidianos que se salen un poco de lo común. Así, el poder de las almas aumenta sus atribuciones, hasta que el hombre acaba por encontrarse prisionero de ese mundo imaginario del que, él mismo ha sido el autor. Así, el individuo queda a merced de fuerzas espirituales creadas por sus propias manos y a su propia imagen y semejanza (¿les parece conocido?).

 

De esta manera puede explicarse, en parte, que luego de la muerte, las almas humanas tienen tal poder sobre la salud y enfermedad, lo mejor es procurarse su benevolencia. De ahí surgiría la costumbre de las ofrendas, los sacrificios, las oraciones y todo el conjunto de prácticas religiosas populares que se generan en torno a las animitas como residuos de una religión primitiva, que a su vez funciona de forma paralela a la religión oficial, y no necesariamente alejada de ella.

 

Xaviera Abdul-Malak I.

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Editorial (2006)

Noviembre 30, 2007 at 3:39 am (Nº1 2006) (, )

La sociología como pregunta

 

Los espacios de debate, discusión y reflexión que “existen” hoy en el país, resultan escasos. La calidad educacional, está bajo cuestionamientos severos, y la sociología, descubrió que sirve para todo. Lo que define a un sociólogo ya no está dado por el objeto de estudio que (des) orienta sus acciones, como tampoco por el oficio específico del cual se encarga, sino mas bien por la multiplicidad de funciones que cumple dentro del sistema social. Multiplicidad de funciones que opera indistintamente de las facultades para las cuales se le socializó (entiéndase educación universitaria), cosa que dificulta aún más la posibilidad de acercarse a un proceso de autorreflexión, que dé cuenta de lo que transversalmente define a la disciplina.

 

Las universidades están en un proceso de posicionamiento institucional (competencia), regido por leyes de optimización mercantil, que muchas veces impiden el desarrollo adecuado de la academia. Al parecer el conocimiento perdió el norte “iluminista”, y se encaminó a la mera satisfacción de requerimientos. La despersonalización del saber (que tanto anunció Lyotard), redunda en que éste se oriente casi con devoción absoluta al procesamiento de información como insumo productivo, donde su estandarización no es sino la victoria de lo que Habermas llamó la “Racionalidad instrumental”. Fuimos advertidos. “El conocimiento y la información se ha convertido progresivamente en el principal insumo de producción” de la sociedad moderna. Insumos que se categorizan y reúnen fundamentalmente bajo dictámenes performativos (si se quiere productivos) donde su utilidad rompe con la dualidad saber / ignorancia, para establecer el dúo conocimiento de pago / conocimiento de inversión (Hopenhayn, 1994).
Al parecer, la sociología cambió con la sociedad sin dar cuenta de su propio proceso. Somos testigos de una nueva era disciplinaria (ironía), que contribuye aún más al desarrollo prolífico de formas y fondos que no alcanzan a dar cuenta de sí. Parecemos hacerlo todo, y nadie sospecha nada.
Somos estudiantes, lo sabemos. Pero nuestras dudas no las resolveremos con subordinación. Consideramos que la sociología debe por responsabilidad consigo misma, generar instancias que hablen de ella, desde ella, y contra ella. Des-solemnizar el discurso y otorgar los espacios suficientes para el diálogo, contribuyendo así, a su pleno desarrollo.
Queremos ser parte de esa discusión. Permitirla y transformarla. La Pala no es sino una invitación. Una pregunta. Una duda. Resolver el dilema no es nuestra búsqueda. Ya vendrán aquellos que nos alertarán de lo errado de nuestros pasos, más sí queremos aportar a la limpieza de nuestra disciplina. Sacudir el polvo de los años de reposo, e interpelar directamente a aquellos que se durmieron al alero de Ph.D, Masters of arts, y cuanto letrero anglicista cargan sobre sus hombros. Nuestra labor es darle frescura, espacio y ejercicio a aquello que confusamente llamamos enfoque sociológico.
Somos estudiantes, lo sabemos. Pero nuestra ignorancia es la mejor herramienta con la que contamos. Pretendemos aprovecharla.

 

Claudio Benavides Riquelme
DIRECTOR

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Categorías residuales de una publicación sin fines de lucro.

Noviembre 22, 2007 at 1:02 am (Nº1 2006) (, )

Son específicas las orientaciones significativas de nuestro alcance social. La propuesta surge entorno a éste sin más mediación que el silbido de los que gritan al viento. Somos, la última propuesta de quienes absorben el raído líquido embriagador de nuestras sesudas cavilaciones. Caminamos austeros por el circuito cósmico dentro de cada imagen sacada de nuestras orientaciones de acción. Y son, sin quererlo, fetiches del desarme de lo que llamamos hoy, Sociología.

Pretendemos el auge de las variaciones sucintas de cada uno de vuestros relatos, enmarcados (por supuesto) en la imagen señera de quienes rompen el círculo de lo que Weber llamó, principio de no sustancialización del empedrado maquiavélico.
La Pala representa el haber, el ser y la ida de los siendo que como impronta solitaria no desgasta el prioritario afán de significaciones parsonianas. Llevamos la delantera, y pretendemos mantener el empuje radical hacia manifestaciones que empeñen la valía de los calcetines amarillos.

Veremos el pasado con los ojos de la concordia que propone no sólo la jaula de hierro que principia los principios principales de la doctrina que combatimos. Riendo, llorando, mascando labia y sed futura ante discursos hegemónicos de la cultura que domina como dominan los que dominan. Orientando hacia las cosas el sabor de la autorreflexiva parsimonia sombría de quienes rugen su autopoiética lascivia.

Agradezcamos a la salamandra. Ríndale pleitesía a sus gárgaras cuyo habitus se adopta en visión sombría dando rienda al panóptico que nos ve los zapatos. Saluden el destino de Marx y compañía, y piensen, que no está todo perdido, pues las maletas están en casa, y no hay viaje más largo que el que no quieres dar.
Saludos a sus padres.

Gracias.

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